Ningún psicólogo sin su propio proceso terapéutico serio, largo, comprometido.

A menudo me preguntan, ¿pero no es lo mismo ser psicólogo y ser psicoterapeuta? Y respondo con un no rotundo, porque no lo es y porque me preocupa mucho en qué condiciones, con qué formación y con qué proceso personal nos ponemos a atender a las personas que acuden a terapia.

La psicología es un Grado universitario, con una duración de cuatro años, que se cursa en universidades públicas y privadas. Además, si quieres ser Psicóloga General Sanitaria, debes cursar el Máster habilitador. ¿Y ya? No.

Entonces, o mientras tanto, creo que un psicólogo que vaya a ser terapeuta individual debe haber hecho un proceso de terapia individual él mismo: un proceso de autoconocimiento largo y profundo —y, por lo tanto, también doloroso— que le haga consciente, en la medida de lo posible, de su carácter, de sus patrones aprendidos, de su historia familiar, de sus mecanismos de defensa, etc.

Además, un psicólogo, para ser terapeuta, debería pasar por un proceso de formación específico (por ejemplo, la formación en terapia Gestalt tiene una duración de un fin de semana al mes durante tres años y medio), donde atraviese él mismo lo que luego acompañará a atravesar a sus pacientes.

Y, finalmente, un terapeuta debe contar con una supervisión semanal, grupal o individual, donde junto a otros terapeutas y un supervisor acreditado, pueda darse cuenta de sus puntos ciegos, de la transferencia y contratransferencia, aprender a diferenciar lo que es suyo de lo que es del paciente, y cómo seguir ante dificultades o cerrar un proceso terapéutico.
De manera que no, no es lo mismo ser graduado en Psicología y Máster General Sanitario, que ser terapeuta.